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Fundador de Spotify se retira del escenario

Anna NicolaouCiudad de México. / 17.10.2025 11:56:00

“No creas una compañía musical si crees que vas a ser inmensamente rico”, declaró Daniel Ek al Financial Times.

Pero, aun así, sucedió. Ek fundó la plataforma de streaming de música Spotify en 2006, cuando tenía 23 años y era un ingeniero de software que trabajaba en una “pequeña oficina improvisada” en Estocolmo. Tardó cinco años en convencer a los ejecutivos de la industria musical estadunidenses de que le permitieran lanzar el producto en Estados Unidos (EU), una decisión que transformó el negocio. Hoy, el cofundador de Spotify tiene una fortuna de 9 mil 600 millones de dólares (mdd), de acuerdo con Bloomberg.

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A principios de mes, Spotify anunció que Ek dejará su cargo como director ejecutivo en enero del próximo año. Lo van a reemplazar dos lugartenientes veteranos, Alex Norström y Gustav Söderström, que trabajan en la compañía desde hace unos 15 años.

Las sucesiones en el sector de medios suelen estar llenas de drama e intrigas en la junta directiva. Pero el traspaso de Spotify fue sorprendente por su previsibilidad. Las figuras de alto rango de la industria de la música, que trabajan estrechamente con la compañía, no se sorprendieron en absoluto.

“Lo presentíamos desde hace tiempo”, dice un alto ejecutivo de una importante compañía discográfica. “Ha estado impulsando a esos tipos cada vez más hacia el frente”.

Por qué se retira del escenario

Al nombrar a sus leales adjuntos, Ek mantendrá su control sobre la compañía que él definió durante dos décadas. “Son como clones de él. No son fundadores, sino el mismo tipo de suecos. Son personas en las que confía y que, en última instancia, podrá controlar”, añade el ejecutivo.

Un antiguo ejecutivo de Spotify señala que “culturalmente”, la compañía “siempre será muy sueca y estará dirigida por suecos”.

Ek, por su parte, dice que no irá muy lejos. En una llamada con analistas, prometió mantener una oficina junto a sus sucesores. Con los empleados, se comprometió a seguir “profundamente involucrado”.

Aun así, el anuncio marca el final de una era en la que Ek revolucionó la industria de la música. Compitiendo con Apple, Amazon y Google, gigantes de tecnología mucho más grandes que Spotify, ganó la batalla por el dominio del mercado del streaming musical.

“Tal vez la razón por la que los venció a todos fue porque se mantuvo fiel a sí mismo”, dice el antiguo ejecutivo de Spotify, quien colaboró ​​estrechamente con Ek.

Autodenominado introvertido, Ek nunca abrazó el glamour de la escena de fiestas del sector de la música, incluso cuando se convirtió en uno de sus titanes. “Lo importante para él era ser una compañía sueca exitosa y una empresa europea, y triunfar”, dice el ejecutivo.

Inevitablemente, Ek se ganó algunos enemigos por el camino. Este año, la cantante islandesa Björk calificó a Spotify como “probablemente lo peor que les ha pasado a los músicos”. Y Taylor Swift, algo que fue muy conocido, retiró su catálogo de la plataforma, lo que llevó a Ek a realizar “muchísimos” viajes a Nashville para convencerla de que volviera.

Ek creció en Rågsved, un suburbio obrero de Estocolmo. Estaba obsesionado con la música y las computadoras. Consiguió su primera guitarra a los cuatro años y su primera computadora a los cinco. 

A los 14, dirigía un negocio de creación de páginas web. Aprendió inglés por su cuenta viendo MTV, con lo que adquirió un acento sueco-estadunidense, y pasaba horas grabando canciones de la radio.

A los 16 años, diseñaba páginas web y ganaba más que sus padres. Rechazaron una solicitud de empleo en Google por no tener un título universitario, así que, en su propia versión de rebeldía adolescente, decidió competir con la empresa. Fundó Advertigo, una compañía de mercadotecnia en línea, que finalmente vendió en 2006. 

Él dice…

“Tal vez la razón por la que

Los venció a todos fue porque se mantuvo fiel a sí mismo”.

Después de convertirse en millonario de la noche a la mañana, Ek compró coches de lujo y llegó a rociar champán en discotecas. Pero esto le dejó una sensación de vacío. Ese mismo año, cofundó Spotify.

Ek tiene dos hijos con su esposa, Sofia Levander, una periodista sueca a la que conoció cuando ella se le acercó en un restaurante para una entrevista. Después, ella le envió un correo electrónico “sobre lo grosero que era y lo engreído que era y cosas así, y eso despertó mi interés”, dijo.

En cierto modo, Ek evoca a Silicon Valley, con sus jeans, tenis y su discurso grandilocuente sobre cambiar el mundo. Pero su perspectiva sigue arraigada en Europa.

En los últimos años, centró su atención en temas que van más allá de la música. Aficionado de toda la vida del Arsenal, intentó sin éxito comprar el club de futbol en 2021. En 2020, lanzó una firma de inversión, Prima Materia, para respaldar a empresas que abordan lo que él llamó “los problemas más difíciles de la sociedad”.

A través de ella, invirtió dinero en Helsing, una compañía alemana de inteligencia artificial para defensa, lo que generó críticas de algunos artistas y usuarios de Spotify. Esta semana, el grupo de electropop nominado al Grammy, Sylvan Esso, anunció que retiraría su música de la plataforma, acusándola de financiar “máquinas de guerra”.

Ek le resta importancia a estas críticas. “Estoy 100 por ciento convencido de que esto es lo correcto para Europa”, declaró al Financial Times en junio.

A diferencia de algunos de sus colegas de Silicon Valley, Ek no asistió a la toma de protesta de Donald Trump. Sin embargo, Spotify donó para la ceremonia y patrocinó un brunch en Washington al que asistieron figuras de la derecha, como el comentarista Ben Shapiro y el podcaster Tim Pool. El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, invitado a su boda en 2016, es un amigo cercano.

Ek seguirá siendo presidente ejecutivo de Spotify, un cargo que, según insiste, será más que meramente protocolario. “En Europa”, recordó a los inversionistas esta semana, “un presidente es alguien muy activo en el negocio”.

Después de 20 años, apuesta a que mantenerse en un segundo plano le permitirá mantener el control.

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JLR

ByFinancial Times

Estados Unidos se encuentra en medio de un “boxeo de sombra” por las tierras raras

Rana ForooharNueva York / 20.10.2025 00:22:25

Es difícil ver el conflicto entre Estados Unidos y China sobre los minerales de tierras raras como algo más que un simple boxeo de sombra. Las implicaciones de la pelea son muy reales. Los controles de exportación de China sobre el sector y el cercado sobre los minerales críticos —necesarios para todo tipo de cosas, desde semiconductores y vehículos eléctricos hasta smartphones y aviones de combate— representan un duro golpe para EU. Pero la conmoción que ambas partes manifiestan tener sobre la situación es pura farsa.

El secretario del Tesoro de EU, Scott Bessent, declaró la semana pasada que el uso de los controles de exportación de minerales por parte de China es el resultado de acciones comerciales “deshonestas” antes de la cumbre prevista entre Donald Trump y Xi Jinping, y que “no se puede confiar en Pekín”.

Tal vez, pero la realidad de que China tuviera esta carta para jugar se debe a que, durante los últimos 30 años, EU le permitió, poco a poco, apoderarse de toda la industria.

China nunca ocultó su deseo de hacerlo. En 1992, Deng Xiaoping anunció el deseo del país de convertir las tierras raras en el “petróleo” de China. A mediados de la década de 1990, en medio de una desregulación general del comercio mundial que condujo a un escrutinio más permisivo de las inversiones y a la tolerancia a la deslocalización, el Comité de Inversión Extranjera de EU (Cfius, por su sigla en inglés), bajo la administración Clinton, aprobó la venta por parte de General Motors de Magnequench —una empresa con sede en Indiana que fabricaba los imanes de tierras raras que se utilizan en los discos duros de las computadoras, la electrónica de consumo y los sistemas de guía de aviones— a propietarios chinos con estrechos vínculos con Pekín.

El hecho de que estos imanes tuvieran un “doble uso”, es decir, que pudieran tener aplicaciones tanto militares como comerciales, es la única razón por la que la fusión se estudió detenidamente en un principio. (Un consultor del Pentágono dijo que la empresa estaba en la mira para mejorar la tecnología china de misiles de crucero). La aprobación del Cfius se basó en la promesa de que la fábrica permanecería en Indiana.

No fue así. Después de unos años se cerró por completo la operación en Indiana y la producción y el equipo se trasladaron a China. Como declaró el representante Peter Visclosky, demócrata del norte de Indiana, en 2004, cuando se cerró la última planta: “Le estamos entregando a los chinos tanto nuestra tecnología de defensa como nuestros empleos en medio de una profunda recesión”.

La Casa Blanca de George W. Bush no hizo nada para impedirlo. En 2005, un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China destacó el acuerdo y que el cierre “permitió a China acercarse a monopolizar el mercado de los minerales de tierras raras”.

Pero Estados Unidos no solo cedió voluntariamente una ventaja en la producción, sino que también fracasó en proteger su acceso a las materias primas.

Hasta finales del siglo XX, EU fue el principal productor mundial de minerales de tierras raras, principalmente a través de la mina Mountain Pass en California, que abrió sus puertas en 1952. Estándares ambientales más estrictos, menor productividad y falta de apoyo a la política industrial en EU llevaron a su cierre en 2002, pero se reabrió en 2012, pero entonces los estadunidenses no tenían capacidad de refinación doméstica y tuvieron que enviar sus materias primas a China para su procesamiento.

Para ese momento, China había aprovechado su habitual combinación de control estatal: producción y extracción a bajo costo, préstamos baratos y límites a la exportación, para dominar la mayor parte de la industria minera crítica mundial. (Esta misma estrategia se empleó para blindar la industria marítima mundial y muchos sectores más).

También comenzó a aprovechar geoeconómicamente los minerales críticos, desmintiendo las quejas actuales de Pekín de que la restricción de las tierras raras es una reacción a la decisión del Departamento de Comercio de EU de ampliar el número de empresas chinas en su lista negra a finales de septiembre.

De hecho, China utilizó por primera vez los controles a la exportación de tierras raras para restringir los envíos a Japón en 2010, después de una disputa diplomática entre ambos países. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón impugnaron las restricciones chinas a la exportación de tierras raras ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2012. Ganaron, pero para entonces ya no importaba. La industria ya estaba en su mayoría en China, y Occidente aún no se comprometía con políticas al respecto.

Los halcones (los políticos de línea dura) contra China, el personal de defensa y los defensores de los derechos laborales en EU ya tenían muchos años señalando el cuello de botella de los minerales de tierras raras chinos, que se ocultaba a plena vista.

En 2020, durante su comparecencia ante el Senado, el comisionado de EU-China, Michael Wessel, mencionó las declaraciones de un instituto de investigación financiado por el gobierno chino: “En medio del acalorado conflicto comercial entre China y Estados Unidos, China no va a descartar utilizar las exportaciones de tierras raras como una ventaja de negociación para afrontar la situación actual”.

Y aquí estamos. El año pasado, Bessent ridiculizó el apoyo del presidente Joe Biden a los sectores estratégicos, calificándolo de “planeación centralizada” (además de impulsar los semiconductores y las tecnologías limpias, la administración Biden financió a Noveon Magnetics, el único fabricante de imanes de tierras raras en EU).

Este año, la Casa Blanca de Trump redobla la apuesta en ese enfoque, metiendo cientos de millones de dólares en inversiones y préstamos para impulsar la minería y producción de minerales críticos en Estados Unidos.

La única sorpresa de todo esto es que haya tardado tanto. Yo creo que tanto el boxeo de sombras —como la carrera para reconstruir sectores estratégicos— continuarán.

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